Cuando de tu cabeza no deja de salir:
Refútate
Suprímete, resetéate
En pocas palabras, por qué dejar de gritar de una maldita vez: mátate y no jodas más.
Pues si alguna vez han sentido aflorar de la manera más pura sus instintos asesinos, sépanlo bien: es mejor gritar cosas jodidamente duras (uf! yo sí que tengo un arsenal de lapidarias de carnicería) que comérselas y que te las tiren a tí.